Tenía en mente contaros otra historia, pero prefiero dejarla para el siguiente artículo y en éste hablaros del control mental, o en mi caso, de un pequeño juego de control y seducción que surgió de forma totalmente espontánea. Admitiré que son los mejores juegos… impredecibles, improvisados y que ponen a prueba tu valía como Ama.

Y os preguntaréis por qué pone a prueba el hecho de improvisar sobre la marcha un juego en el que tomas el control de la mente, las decisiones y los deseos de otra persona. Si estáis despiertos sabéis por donde voy.

Para tomar el control de la mente de una persona primero tienes que tener mucho control sobre ti misma, segundo tener la suficiente empatía como para comprender las necesidades y las luchas internas que puede sufrir esa persona con la que juegas, por lo que debes cuidarla. Y tercero, el punto más importante del juego, tienes que tomar el control de todo lo que os rodee, saber leer el lenguaje no verbal de esa persona y usarlo para el disfrute de ambas partes, darle directrices sencillas y asimilables con apoyo en el entorno.

Por lo tanto, controlar la mente de una persona es controlar la situación al completo, por ejemplo, si estáis en un lugar público debes ser capaz de controlar las personas que se cruzan en vuestro camino, los eventos impredecibles del entorno, un coche pasando, una pelota rodando, un semáforo en rojo, el amable camarero que os va a atender. Todas esas “distracciones” tienes que controlarlas para que no interfieran en tu juego.

Una vez explicada la parte más didáctica de éste artículo, cambiaré el registro del mismo y os relataré cómo sucedió el maravilloso juego de seducción.

“Nos encontrábamos en uno de nuestros lugares habituales, a la hora acordada. Te saludé como siempre, con mi distancia innata. Pero empezó a llegar mucha gente, cosa que nos agobia a las dos, por lo que nos acabamos rápido lo que habíamos pedido y me sobornaste con la invitación a un chupito con tal de ir a tomarnos la “última” en nuestro lugar de siempre.

Nos sentamos y salió la camarera a atendernos con un – Hola, qué tal chicas, tú lo de siempre ¿no? ¿Y ella…? lo que me diga porque como unos días toma una cosa y otros otra, se ve que no le gustan las rutinas… – las dos riéndoos y tu indicándole con tu lenguaje no verbal que me preguntara mientras te encendías un cigarro. Cuando vi que ya no os reíais le pedí el chupito de avellana con el que me habías convencido. La cara de ella fue un cuadro y no pudimos evitar reírnos a carcajadas, de esas cómplices que sólo entendemos tú y yo.

Poco a poco, con esos pequeños detalles, volvimos a nuestro estado normal dejando de lado el mal día que llevábamos las dos. Aunque de normal no tiene nada, siempre llamamos la atención de forma natural por todas las risas, las bromas y los temas de conversación que tenemos. De aburrimiento no sufrimos.

Cuando nos sirvieron me miraste con cara de picardía y te pregunté – ¿Hoy también vas a intentar emborracharme en vano? –. Se te escapó la risa –Si me dejas, además hoy puede que te afecte de verdad –. Miré mi vaso y empecé a tomar la decisión de jugar contigo, un juego que por suerte tenía un contexto en el sábado anterior cuando lo intentaste de verdad y agoté las preguntas del “Yo nunca…” dejándote bastante sorprendida por todo lo que había respondido, pero sobre todo porque nunca había bebido alcohol antes.

Me quedé en silencio configurando mi estrategia y analizándote con sutileza. Cuando te vi relajada comencé el juego.  –Te puedo preguntar por cuáles eran tus intenciones cuando retomamos el contacto y empezamos a quedar a tomar el café hace 2 años –. Me miraste un poco desubicada y te dije que no lo pensaras mucho, simplemente que respondieras si esperabas algo más que amistad. Sin darte tiempo a responder lo anterior, rectifiqué – Mejor dicho, ¿cuáles crees que eran mis intenciones por aquel entonces? –

Empecé a romper tu mente sin que te percataras, tu cara mostraba una lucha interna por comprender ambas preguntas, cómo responderlas, e inconscientemente, por qué te las hacía. Decidí revelarte que iba a jugar contigo para que te calmaras y aceptaras jugar. Directamente te lo pregunté con el cachondeo de siempre, y funcionó. –Vale, juega – contestaste muy segura sin saber lo que te esperaba.

– ¿Por qué te sorprende que hubiera posibilidad de que ocurriera algo más entre tú y yo en el pasado, y, a día de hoy haya más que entonces? – continué.

Se te escapó una sonrisa nerviosa ante el silencio que se produjo mientras yo miraba el hielo de mi vaso derritiéndose porque sabía que estabas buscando mi mirada. Inconscientemente te separaste un poco de mi lado dejando un palmo entre nosotras provocándome la risa y haciéndote caer más en mi juego.

– Entonces, ¿me querías follar y ya? –Me preguntaste y te miré fijamente – No, no es eso, sólo que te percibía, y te percibo, con posibilidades de que pase algo más entre nosotras, es decir, no me importaría que ocurriera, lo dejaría fluir – te respondí.

Tu cara ojiplática me produjo mucho placer, pero no te permití verlo. Relajé el tono de la conversación con la intención de darte un respiro, volver a un estado “normal”, y que tuvieras tiempo a digerir todo, pero no demasiado.

Terminé mi chupito que ya era más agua que licor, miraste la hora y no nos daba tiempo a llegar al último autobús. Por lo que nos tocaba esperar al primer búho. O eso te hice creer.

En silencio los minutos pasaban, pero para mí hablabas mucho. Cambié ligeramente mi voz – Estas teniendo una lucha interna muy fuerte ¿Verdad? –. Intentaste preguntarme que como lo sabía, pero no te hizo falta – Sé lo que me vas a preguntar, sé lo que está pasando por tu mente ahora mismo – Afirmé.

– ¿Pero cómo…?  – balbuceaste. Me acomodé en mi lugar, me giré hacia ti sin permitirte que apartaras la mirada – Sonríes y te obligas a parecer seria, entierras la cara entre tus manos pensando que yo no me daría cuenta. En tu mente hay desconcierto, pero te agrada ésta situación, no lo has vivido antes por eso mismo te encuentras así. Además, hace un rato has tomado distancia de mí, cuando durante toda la tarde has tenido tu pierna en contacto con la mía. Respecto a lo que piensas no dejas de cuestionarte por qué está pasando todo esto o más bien por qué te estoy haciendo esto, pero cálmate únicamente estoy jugando, aunque… tú pones el límite. ¿Quieres que pare? –

Sigues sin ser capaz de controlar todo tu lenguaje corporal, del que me aprovecho para ir un poco más allá. Antes de que contestes te repito la pregunta porque estás bloqueada – ¿Quieres que pare? –. Entonces intentas hacerte la dura y me intentas devolver el golpe – Si, no, bueno no sé – pero te sale mal el intento. – ¿Te sientes incómoda, crees que te voy a hacer algo, o algo que no quieras? –.

Parece que te empoderas con esa pregunta – Bueno, me sentí incomoda cuando me dijiste que había posibilidad porque no entiendo el motivo, siento que has estado preparándome para éste momento desde el sábado pasado, pero sé que no me vas a hacer nada, de eso estoy muy segura, que no te vas a lanzar ni nada, y respecto a lo de tomar distancia ¿qué prefieres que esté así pegadita? –. Te recuestas sobre mi brazo riéndote, mientras yo te ignoro tomando un trago del siguiente chupito, como si no hubieras hecho nada. Gesto que te genera inseguridad y te apartas dándome la excusa de que soy tan cómoda que te dormirías.

Vuelvo a jugar con tu estado entre los nervios y la calma – No, no te he estado preparando para éste momento, ha sido totalmente espontáneo, porque he visto indicios ésta noche, con tu intención de emborracharme y que hablara de mis secretos jamás mencionados. Pero ¿Tan segura estás de que no te voy a hacer nada…? Te he demostrado con creces la gran capacidad que tengo de improvisar y cambiar la costumbre, y no solo a ti, ya ves que a ambos camareros les he dejado anonadados con mis pedidos. Igualmente, ya te he contado que hoy no he tenido un buen día y has comprobado que ahora mismo no me importaría cambiar las reglas de lo establecido, como si no existiera el mañana ni tuviera nada que perder –.

Me replicas – Pero te conozco, si algo tengo muy seguro de ti es que no me vas a hacer nada que yo no quiera, me has contado como eres y lo he visto, respetas a todo el mundo y más en estos temas –. Sonrío y vuelvo convincente mi voz – ¿Tan segura estás? –. Intentas parecer segura, aunque tengo pleno control sobre ti en ese momento – Sí, estoy segura… – Dudas.

– ¿Tan malo sería tener que hacerme la cobra ahora? ¿O pretendes cruzarme la cara de un bofetón? Bueno si me pegas que no sea en la cara por favor, y para otro tipo de azotes tenemos una pensión ahí enfrente –.

Vuelve tu risa nerviosa y lo que era tan seguro ya no lo es tanto – Pero no lo harás, ¿A caso no aprecias nuestra amistad? jolín déjame ganar ésta batalla –. Pronuncio tu nombre para callarte – Por supuesto que valoro nuestra amistad, por eso me he atrevido a jugar, que no tiene nada que ver con lo importante que es tu amistad para mí. Igualmente sabes que no me puedes retar y lo acaba de hacer, tienes el control de cuál es el límite, la pregunta más acertada es ¿Realmente quieres ganar ésta batalla? – Me acerco un poco a ti para generar una reacción – No me parece que quieras ganar ésta batalla, no te has alejado –.

Me vuelvo a retirar ligeramente, llamo al camarero y le pido el tercer, y último, chupito de la noche, te pregunto si quieres algo, pero respondes que no puedes, te sientes extraña. Te doy un descanso mientras espero a que me sirvan, estamos a gusto y nos vuela el tiempo, nuevamente perdemos el primer búho. Más de media hora en silencio, observando lo que sucedía a nuestro alrededor, hablando de alguna cosa banal.

Quien controla todo el juego soy yo, sé que me has estado observando fijamente, haciéndote miles de preguntas y planteamientos. Estás intentando descifrar lo que pasa por mi cabeza, aunque en realidad sólo estoy concentrada cumpliendo mi estrategia. No te imaginas lo maravilloso que está siendo para mi ésta situación. Todo lo que estaba experimentando, la excitación que me provocaba toda la tensión que se estaba acumulando.

En el momento justo, te miré a los ojos, tenías deseo en la forma de mirarme por eso mismo aguantaste la mirada y te di lo que me pedías. – ¿Qué te sucede, no te parece divertido? Te preguntaría en que piensas, pero no me hace falta, aunque quizá tu si necesites escucharte a ti misma – te dije con voz tranquila pero firme. Automáticamente sonreíste y te pusiste nerviosa – otro búho que hemos perdido –. Me eché a reír – No cambies de tema, ¿tienes miedo de lo que pueda pasar o de mí? –.

Replicas – No, por qué no va a pasar nada –. Me termino el vaso, en ese momento haces el intento de cogerlo porque había aun hielo. Pero rápidamente me lo llevo a la boca. – Lo has hecho a propósito ¿cierto? –. Me echo a reír y te lo muestro entre mis dientes. Sueltas una carcajada mientras dices entre dientes – pero serás…–.

Te indico que nos levantemos y comencemos a caminar con tiempo para no perder el tercer búho, aunque estabas cansada no ibas a pedírmelo porque permanecías bajo mi control y mis decisiones, se podría decir que estabas totalmente entregada. – Me estaba sintiendo incómoda, no dejaban de mirarnos los que teníamos sentados delante –. Trato de tranquilizarte – No te preocupes, seguro que su vida es muy aburrida. Además, ellos no saben de qué va éste juego…solamente lo sabemos tú y yo –.

Caminando seguíamos jugando, pero sin perderte mi mirada, pasamos por un parque bastante oscuro – así que me llevas por lo oscuro, ya veo lo que quieres y luego dices que no quieres que pase nada –.

Comienzo a caminar lentamente. – Dime a que te recuerda todo ésto, ¿Lo puedes comparar con algo que hayas vivido antes? –. Respondes rápidamente que no.

–  No me respondas a mí yo sé la respuesta perfectamente, la que no la sabe eres tú –. Me detengo y te detienes en la parte más oscura del camino – Respóndeme, ¿ésto te recuerda a algo? –. Con un hilo de voz dices – No lo sé, nunca me había pasado esto, me llevas al límite, me sueltas y vuelves a llevarme al límite–. Sonrío dando un paso hacia ti – al límite y un poco más allá hasta que me supliques que lo cruce. ¿O te has sentido incómoda con todo lo que ha ocurrido ésta noche? – Me acerco un poco más a ti, aunque no te des cuenta – Sabes que quieres perder la batalla, que tenga el control de ti te divierte, aunque choca totalmente con quien crees ser, y aunque quisieras luchar te está gustando el juego –. Te quedas paralizada. – Me vas a preguntar, por qué todo esto, pero ya te lo dije antes, te he leído durante toda la noche, ¿Y si te hago perder la batalla ahora mismo? –. Titubeas – ¿Por qué juegas ahora conmigo? –. Doy un paso atrás – ¿Y por qué no? Parece que cada vez tengas más claro que quieres perder la batalla –. Dejas hasta de respirar, te pones colorada y echas a caminar delante de mí, aunque te detienes a esperarme.

Llegamos con 20 minutos de antelación y te invito a sentarte en el banco que yo elijo, me pongo cómoda para mirarte de frente. Tu no dejas de sonreír y de mostrar nerviosismo contra el que luchas con todas tus fuerzas. Mientras, yo me dedico a recordarte todo el juego… – Puedo saltarme las normas y hacerte perder, aunque el limite lo pones tú y depende de ti, nos estamos divirtiendo las dos. Yo más porque estoy controlando todo esto –. Tratas de calmarte, te levantas, te sientas. No sabes que hacer. Me pongo seria – Dime, si te propusiera quedarte hasta las 3 de la madrugada o venir a casa, quitando que tienes que madrugar y yo también para trabajar, ¿Te quedarías? – Espero sin dejar de estar seria y mirarte fijamente – Sinceramente, sí, me lo he pasado muy bien –.

Me levanto y actúo como si no hubiera pasado absolutamente nada en toda la noche – Bueno tendremos que despedirnos que mi autobús ya ha abierto la puerta, ¿dos besos? – Te ríes y asientes, me pongo en disposición de recibir los dos besos como acostumbro a hacer, pero tú, te eternizas en darme el primer beso y te paras un instante al darme el otro, cuando te separas me río porque tu cara es una mezcla entre alivio y decepción. Se podría decir que no te has atrevido en el último momento a cruzar el límite, arrepentida de no haberlo hecho, deseaste por un instante perder la batalla de verdad.

Me despido de ti, riendo, no sin antes dejarte claro – Tu pones el límite… –. Me subo al autobús. Sin embargo, el juego no se acaba aquí te envío un mensaje – ¿Es cosa mía o te pusiste muy nerviosa al despedirte? –. Aciertas a escribir – ¿Por qué lo sabes todo? –

– Es que nunca habías tardado tanto en darme dos besos de despedida, intuición. ¿Me equivoco? –

– No…–

– ¿Por qué tardaste tanto, en qué pensabas o que estabas decidiendo? –

–…–

– ¿Te da miedo todo esto? ¿Te doy miedo yo? –

El cómo continua la conversación me aclara que jugué realmente bien ésa noche, tanto que el juego no ha terminado, o se podría decir que no ha hecho más que comenzar.

Quién sabe si volveré a llevarla al límite o si dejaré el juego en pausa por el momento. Sólo puedo deciros que no os imagináis lo satisfactoria que es la situación, que confíen en ti y te entreguen el control de su mente sabiendo que disfrutará, pero sobre todo que estará segura, cuidada y protegida. Es una de las máximas pruebas de confianza que existen, por ello es el culmen de una Ama y el motivo de nuestra existencia.

Mistress Edging

Iniciada en el oscuro y delicioso mundo del BDSM.
A través del relato de mis experiencias controlaré tus placeres más íntimos y perversos
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